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LA HISTORIA DEL MANGLE Por:
Ángela Corvea El mangle milagroso Si no crees en los
milagros, sería bueno entonces que leyeras esta sencilla historia
sobre este pequeño mangle...
Hasta que el 24 de
octubre las grandes y poderosas olas del huracán Wilma lo arrancaron
de raíz y lo pusieron en medio de la calle. Lo más triste
de observar aquel espectáculo era constatar que estaban totalmente
entesadas sus ramas y raices, de nylons y todo tipo de basuras, cual
una horrible momia o un dantesco árbol de navidad, esa es la
impresión que sentí al verlo y la que trasmito en esta
imagen tomada en días posteriores al paso del huracán.
En la vorágine de la cotidianidad, olvidé, o quizás mejor, quise olvidarme de lo que un día fue aquel verdecito y saludable mangle, que todos los niños y niñas y profesores de la escuela primaria “Eliseo Reyes” del barrio Náutico veían y querían a lo lejos, sin quizás reparar mucho en este sentimiento, por la costumbre de verlo como parte del paisaje aledaño al colegio. Los vecinos de Flores también lo sentían y extrañaban. Simplemente, ya no estaba y nos dolía a todos su ausencia. Casi a finales de noviembre veo a lo lejos (yo vivo en el Náutico) en una visita a dicha escuela un arbusto seco, muy parecido al mangle de nuestra historia, situado encima de las rocas o diente de perro, pegado a la orilla del mar. Pensé para mis adentros – no puede ser que sea el manglecito, y si lo es tengo que ver que ha sucedido. Les confieso que seguía pensando que aquel joven estaba empecinado en lo imposible y sí lo había colocado allí, era lo mismo que echar al mar una basura más…
Que equivocada estaba, a los pocos días cuando me acerqué al lugar donde estaba el “arbusto seco” me quedé boquiabierta, absolutamente maravillada. Ante mis ojos y para mi sorpresa estaba ahí el manglecito, libre de las ataduras de la basura enredada y lleno de brotes de hojitas verdes por todas partes.
Pero, ¿cómo
sucedió esto?… Afortunadamente, en ese momento, apareció
el joven que les mencioné antes y me contó todo: Ante
su constancia y persistencia cuando estaban los trabajadores de Comunales
haciendo las labores de retirar y recoger todo lo arrojado por la gran
penetración del mar en el barrio, él logró sensibilizar
a un trabajador que con una alzadora levantaron al mangle y lo pusieron
como a 200 metros más al oeste de donde lo había sacado
las olas, pero como el equipo no podía entrar en el mar, tuvo
que conformarse y verlo depositado en las rocas. Gracias a la pleamar
sus raices periódicamente están sumergidas en el agua.
Le pregunté que cómo había logrado liberarlo de
tanta basura… -con mucha paciencia y la ayuda de tijeras y una
amiga. Cuando le dije que iba a contar esta linda historia, me pidió
que no mencionara su nombre, pues decía que no había hecho
nada importante.
José Fresneda
Astorquiza, un joven de 33 años, abogado de profesión,
pero plenamente convencido y afiliado a todas las causas en defensa
del Medio Ambiente. Nació y se crió en el barrio de Flores
y su casa está ubicada en la calle 166 y esquina 1ra, justamente
a unos pocos metros del mangle protagonista de mi historia. Su mamá
Alba, lo enseñó desde pequeño a observar y a querer
ese manglecito, excelente indicador de mareas para ella. Jóse
(con acento en la o, para pronunciarlo así como le llamamos)
participa como voluntario, en disímiles proyectos ambientalistas,
uno de ellos ACUALINA y siempre, con su sonrisa y amabilidad característica,
colabora en la siembra de árboles, limpieza de costas, charlas
a los pequeños y en un montón de etcéteras más.
¡¡¡El
manglecito vivo!!! Compartir
alegrías con nuestros semejantes es algo lindo y engrandecedor,
pero lo es aún más si estas alegrías encierran
soluciones milagrosas a causas o cosas que creíamos irremediablemente
perdidas.
Los jurados que nos apoyaron, casi todos vecinos y amigos del barrio Náutico, fueron: Eslinda Núñez, afamada actriz de teatro, cine y TV, Joaquín Baquero, escritor, las arquitectas y pintoras Maritza Verdaguer y Georgina Enríquez y la joven pintora y escultora Liam Eylé Perdomo. Resultó hermoso constatar como los niños y niñas expresaban sentimientos de amor y a la vez tristeza en sus trabajos artísticos por la “pérdida” de su manglecito. Se presentaron más de 70 dibujos y 13 escritos, entre poesías, poemas y composiciones, fue una labor ardua y difícil escoger los mejores. Sencillos, pero bien recibidos, fueron los obsequios donados para la premiación por el Acuario Nacional, la Fundación Antonio Núñez Jiménez del Hombre y la Naturaleza, y por nuestra amiga, la periodista Karen Wald, entre otros.
Casi al terminar la actividad
educativa, antes de partir a la excursión prevista al barrio
Flores (creo que es necesario señalar que los barrios de Flores
y el Náutico están separados o mejor, me gusta más
así, comparten la desembocadura del Río Quibú y
al no existir ningún puente que una a estas 2 comunidades se
requiere dar un extenso recorrido para visitar a cualquiera de ellas).
La intención era ver todos los árboles que se estaban
sembrando a cargo de Empresas como Comunales y CUBALSE para embellecer
la zona.
Sin más demora nos pusimos de inmediato en marcha, portando la bandera de ACUALINA (recordemos que este proyecto nació en la comunidad del Náutico), sacos de “A Limpiar el Mundo”, un gran cartel que decía: “Mi Manglecito” y una gran algarabía que era imposible que todos los que nos topábamos en el trayecto no sonrieran y se preguntaran quizás: ¿qué era aquello?
Ya Jóse nos esperaba en el lugar justo de la calle por donde las olas del Wilma arrancaron y depositaron al mangle el pasado 24 de octubre. Los niños lo vitorearon, saludaron con afecto y le dieron un regalo en nombre de todos, dándole las gracias por haber salvado a “su manglecito”. Jóse, que es tímido y modesto por naturaleza, su cara parecía un tomate rojo, por tantos agasajos, para él inmerecidos, para mí y otros, sobrados. Así comenzó a contarles la historia de todo lo sucedido, de lo que significaba ese mangle para él y todas las penurias, desesperanzas y esfuerzos que tuvo que afrontar para no dejarlo morir. Nadie respiraba, sólo oían en absoluto silencio y respeto lo que aquel joven les contaba con palabras sencillas que todos entendían, palabras contadas, ya no con la boca, sino con el corazón…
Después caminamos todos como 200 metros más adelante y nos acercamos a las rocas en la costa y allí contemplamos con ojos maravillados el verde de todas las hojitas, que ya cubrían hasta las ramas más superiores del arbolito.
Quisimos ponerle al mangle un gran lazo rojo para la buena suerte y también para que estuviera más elegante y presentable para las fotografías.
Es muy difícil y espero que coincidamos ustedes y yo, en que alguno de estos niños y niñas y porqué no profesores, olviden esta vívida experiencia. Igualmente, soy optimista y romántica y es por ello que albergo la esperanza de que después de este día surja algún cambio, aunque sea muy pequeñito o insignificante que movilice sus mentes. Que los haga sentirse que pueden ser ellos o ellas, héroes también como lo fue Jóse y quizás entonces un día, se conviertan estos niños y niñas, en adultos conscientes, apasionados y verdaderos defensores y salvadores de la VIDA EN EL PLANETA.
Tal vez el final de esta historia sea escrita por mí o quién sabe si por alguno de estos pequeños dentro de algunos meses o años, una vez que nuestro querido manglecito se haya recuperado y fortalecido más, y sea entonces el momento en que pueda nuevamente volver a vivir en el mar. Si desea contactar a: Jóse Calendario 2007
Postal de Año Nuevo
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